domingo, 5 de junio de 2011

Parte 1

Una respiro en esta ciudad, que algunas veces parece distante lo que muchos me han contado ya.
Dejo de contar las horas, de pensar en los días, disfruto las pequeñas cosas que algunas veces solo podría desear.
Por alguna extraña razón me he vuelto taciturno, dejando respiros y suspiros en cualquier esquina, donde solo pareciera que pierdo una parte de mi ser, recuerdo los trayectos de mi infancia de la casa a la escuela a la casa de mis primos para perder la tarde jugando. De eso hace algunos años, pero al intentar recordar pareciera que tomo recuerdos prestados o los robara clandestinamente de alguien más.


Las horas pasaban tan rápidas que en un santiamén debíamos terminar y continuar con las labores académicas, para mañana en un nuevo día continuar en otra aventura.
Recuerdo que pocas veces uno en introspección voltea por el espejo retrovisor para no quedarse allí, si no para lo contemplar lo que alguna fue y en lo que se convertirá.

Hoy al día presente solo dejamos caer los sueños como hojas marchitadas, sin olvidar que algunas veces decíamos no olvidar donde queríamos estar y donde nos encontraríamos (algunos salvando el mundo, otros disfrutándolo y muchas más quizá solo como espectadores) si en nuestro camino o lo iríamos construyendo en el día a día de esta vida.

En recordar paisajes de lo que fuimos seria como querer continuar siendo puros de corazón, cuando no es que la maldad nos haya invadido, sino que la vida nos deja enseñanza en nuestras almas.
No sonemos precavidos o soberbios solo dejemos que los recuerdos broten y llenen el momento de situaciones chuscas, vivencias diarias y sobre todo de esperanzas imaginarios.

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